Antes, las calles se construían,
Para brindarle paso a los Hombres y a los Dioses.
Ahora, todo está sometido,
A la turba infernal de los automotores.
Los automotores son enemigos del Hombre,
y de los Dioses.
¡Cuídense poetas de los automotores!
Ellos persiguen con saña,
A los mortales y a los inmortales.
Un camión destrozó la divina esperanza a Dante Nava,
Y un asesino del volante al eterno Alejandro Peralta,
Una locomotora-en Argentina- a Lucho Hernández,
Un taxi enloquecido la ardiente sombra de Juanito Ojeda,
Otro mas loco aún, despedazó las alas de Fernando Vidal,
Y negras ruedas dejaron como estampilla,
Al Jilguero del Huascarán.
Y, no olvidar, que el mismo fin tuvieron,
Proletarios de méritos muy dignos,
Mi compadre Quiróz y el vecino Montalvo.
Cuídense, inmortales.
Cuídense de los automotores.
Porque, ellos sí, podrán matarlos.
Cuídate Arturo, cuando vienes o vas de Santa Ines,
Cuídate de los monstruos de diez y ocho ruedas.
Cuídate Juán Ramírez, Verástegui,
Luis La Hoz, amados tricontinentales.
Enrique Sanches Hernani, amado tetracontinental.
Porque ustedes andan por las calles,
Pisando nubes con los ojos,
Y volando, en pos,
de inexistentes lunas...
domingo, 2 de mayo de 2010
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