domingo, 2 de mayo de 2010

M A L D I T O S C A R R O S

Antes, las calles se construían,

Para brindarle paso a los Hombres y a los Dioses.

Ahora, todo está sometido,

A la turba infernal de los automotores.



Los automotores son enemigos del Hombre,

y de los Dioses.

¡Cuídense poetas de los automotores!

Ellos persiguen con saña,

A los mortales y a los inmortales.



Un camión destrozó la divina esperanza a Dante Nava,

Y un asesino del volante al eterno Alejandro Peralta,

Una locomotora-en Argentina- a Lucho Hernández,

Un taxi enloquecido la ardiente sombra de Juanito Ojeda,

Otro mas loco aún, despedazó las alas de Fernando Vidal,

Y negras ruedas dejaron como estampilla,

Al Jilguero del Huascarán.



Y, no olvidar, que el mismo fin tuvieron,

Proletarios de méritos muy dignos,

Mi compadre Quiróz y el vecino Montalvo.



Cuídense, inmortales.

Cuídense de los automotores.

Porque, ellos sí, podrán matarlos.



Cuídate Arturo, cuando vienes o vas de Santa Ines,

Cuídate de los monstruos de diez y ocho ruedas.



Cuídate Juán Ramírez, Verástegui,

Luis La Hoz, amados tricontinentales.

Enrique Sanches Hernani, amado tetracontinental.

Porque ustedes andan por las calles,

Pisando nubes con los ojos,

Y volando, en pos,

de inexistentes lunas...

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